Qué causa el cáncer de cuello uterino
La gran mayoría de los casos se origina por una infección persistente con tipos de alto riesgo del virus del papiloma humano (HPV), que se transmite por contacto sexual. La infección es muy frecuente y, en la mayoría de las personas, el propio organismo la elimina sin dejar consecuencias.
Cuando la infección persiste durante años, puede provocar cambios en las células del cuello uterino —las lesiones precancerosas— que, sin tratamiento, pueden evolucionar a cáncer. Ese proceso suele ser lento, y es justamente lo que permite detectarlo a tiempo.
Las tres herramientas de prevención
- Vacuna contra el HPV Previene la infección por los tipos de HPV que causan la mayoría de los casos. En Argentina forma parte del Calendario Nacional de Vacunación a los 11 años. Su máxima eficacia se alcanza cuando se aplica antes del inicio de las relaciones sexuales.
- Test de HPV Detecta la presencia de tipos de alto riesgo del virus antes de que existan lesiones. Un resultado negativo permite espaciar los controles con seguridad.
- Papanicolaou (PAP) Analiza las células del cuello uterino para identificar alteraciones. Es un estudio simple, rápido y prácticamente indoloro que se realiza durante la consulta ginecológica.
Con qué frecuencia controlarse
El método y la frecuencia de los controles se definen según la edad y los resultados previos, de acuerdo con las guías nacionales vigentes. [A VALIDAR: edades e intervalos recomendados.] Estar vacunada no reemplaza los controles: la vacuna no protege contra todos los tipos de HPV.
Si el resultado es anormal
Un PAP o un test de HPV alterado no significa tener cáncer. Indica que es necesario completar el estudio, generalmente con una colposcopía —un examen que permite observar el cuello uterino con aumento— y, si corresponde, una biopsia. Las lesiones precancerosas tienen tratamientos eficaces y, en la mayoría de los casos, ambulatorios.
Detectar una lesión en etapa precancerosa permite tratarla antes de que se convierta en cáncer.